Rúbricas 6

13 disputa respecto de las concepciones que le dan sentido a la vida en sociedad. El pensamiento liberal, eurocéntrico, sostiene que el ser humano es individualista, egoísta y ávido de acumular ganancias y poder y que toda conducta que se aleje de esta orientación es irracional. Por tanto, toda acción económica legítima está orientada a tales fines, pues expresa al homo economicus, siendo su institución básica la empresa capitalista productora de mercancías, de valores de cambio, caracterizada por su organización vertical, por la separación entre quienes deciden y quienes ejecutan las tareas, por la explotación del trabajo asalariado y de la naturaleza. Sostiene, además, que las causas de la pobreza se relacionan, precisamente, con la falta de una conducta racional, individual y egoísta en la población, pues se atribuye a las personas pobres actitudes (ocio, gasto excesivo, resistencia al trabajo disciplinado) y capacidades (bajo nivel de educación) no adecuadas. Desde nuestra perspectiva, se trata de rebatir tal idea, proponiendo que la vida social para los sectores sociales dominados y explotados del país y del mundo tiene como fundamento el respeto entre seres humanos y el de éstos con la naturaleza, el Buen Vivir; esta visión se está enriqueciendo desde la última década con el aporte de los pueblos indígenas. Por consiguiente, se propone una nueva racionalidad, una nueva manera de establecer las relaciones sociales a partir de la solidaridad entre las personas y la naturaleza. Al mismo tiempo, debe plantearse que la pobreza no es natural ni responsabilidad individual de los pobres, sino de relaciones de poder, entre capital y trabajo, que favorecen al primero e imponen al segundo una creciente marginalización, es decir, la creciente dificultad para vivir de modo digno del trabajo asalariado. Por tanto, la pobreza obedece a factores histórico/estructurales y a relaciones de poder de dominación y explotación. Teniendo en cuenta estas consideraciones generales, la acción teórica, política y práctica estaría encaminada a erradicar el imaginario eurocéntrico. En esta orientación, en la dimensión económica debe eliminarse la idea de que todo lo que existe (el trabajo, la naturaleza, la vida) es un recurso para generar ganancias. Esto significa, al mismo tiempo, rebatir la idea de que la economía es una sola, que tiene como sujeto básico al empresario capitalista y a la empresa capitalista como institución y que se actúa con el propósito de generar ganancias apropiadas de modo privado, lo cual implica, además, que las políticas públicas deben ser pensadas, diseñadas, ejecutadas y evaluadas como un momento de la lucha social que debe tener como horizonte histórico la institución de la solidaridad económica, de la economía de los trabajadores, con sus rasgos propios. Lo económico solidario, entonces, debe impulsarse de manera que en cada fase y en cada operación económica una mayor parte del excedente económico sea apropiado por las organizaciones y destinado a una reproducción ampliada de la solidaridad económica. Esto significa que en cada transacción económica, por un lado, se debe tender a una mayor presencia de la reciprocidad (intercambio de trabajo y productos del trabajo sin pasar por el mercado) y, por otro, a avanzar en la apropiación del excedente en las fases de comercialización y consumo (Marañón, 2012). Entonces, deberían discutirse las posibilidades de la solidaridad económica en el espacio más amplio del poder, la política y la transformación societal. En este sentido, es indispensable tener presente que el impulso de otra economía, basada en la solidaridad, no puede ir separado de la institución de un poder político y de una intersubjetividad también solidaria. Socialización de la economía, socialización del poder e intersubjetividad solidaria, son procesos que deben ir consolidándose, ampliándose y apoyándose entre sí. En otras palabras, la autogestión de los procesos económicos debe estar vinculada al autogobierno y a la democracia directa y, ambos, acompañar y ser acompañados por la institución de una intersubjetividad solidaria, entre las personas y con la naturaleza. se propone una nueva racionalidad, una nueva manera de establecer las relaciones sociales a partir de la solidaridad entre las personas y la naturaleza

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