Rúbricas Número Especial

64 Otoño 2012 Crónica de la primavera mexicana en Puebla Eliel Francisco Sánchez Acevedo Estudiante de la Universidad Iberoamericana Puebla. El nacimiento de un movimiento como #YoSoy132 es algo fuera de lo común. Es un movimiento de naturaleza líquida, en el que no existe una jerarquía definida ni un líder supremo, y que por lo mismo es incluyente y permite la individualidad sin homogeneización o disolución dentro de la masa; característica en el nombre mismo, pues no se hace referencia a un “Todos” en el que una persona puede diluirse, sino que se hace una clara afirmación y reafirmación del “Yo” como construcción de respeto al sujeto y su persona e ideología, dando paso al desarrollo de una fuerte identidad colectiva basada en el respeto y la tolerancia. Tenía yo todo esto en cuenta cuando me uní a #YoSoy132, pero jamás imaginé el grado de tensión y participación política del movimiento, y menos aún imaginé lo difícil que sería seguir una senda dentro de un grupo plural en tanto a posturas ideológicas como a historias y trayectorias personales. El ánimo y sentimiento de inclusión como forma de construcción o de complementación de una identidad personal nueva y propia pueden muchas veces ser atractivos para los sujetos que nunca se han movido dentro de la lucha social, pero en mi caso, lo que me movió a integrarme a la lucha, aquel 28 de mayo de 2012, fue el simple sentimiento de congruencia para con mi vida, el sentir la injusticia hacia los demás en carne propia. No sería honesto decir que el movimiento #YoSoy132 es un ejemplo de organización y estructura, pero es necesario decir que con el paso del tiempo ha ido adquiriendo las habilidades necesarias para subsistir a los primeros embates a los que todo movimiento social se enfrenta. La primera reunión, aquel lunes 28 de mayo, fue poco menos que caótica en un principio, pues todos allí, con poca o nula experiencia en asambleas y movimientos, tratábamos de organizar algo más que una masa; tratábamos de organizar una idea, un ideal y un símbolo, que es en lo que la carga histórica nos ha convertido. No nos habíamos percatado aún de la gran responsabilidad que teníamos y tenemos ante el pueblo de México y tampoco sabíamos la magnitud del trabajo conferido al ser un elemento semiótico, algo que muchos considerarían un faro en las tinieblas en las que se encuentra la Nación. Fortalecidos por el ánimo de la lucha por un mejor país, el movimiento en ciernes se organizó en pequeños comités de trabajo, sobre seguridad, prensa, comunicación interuniversitaria, etc., y vitalizados como estábamos, terminamos aquella reunión de unidad cuando el sol ya había muerto sobre el horizonte, esperanzados por la respuesta del pueblo, salvando el detalle ideológico y de postura política sobre un inminente pronunciamiento contra el candidato Enrique Peña Nieto del pri. Cosa que, tal vez más tarde, muchos en lo profundo del corazón meditamos como algo que se debió clarificar y exponer, siguiendo las líneas del movimiento en la capital del país. Con el ánimo y la valentía revolucionaria que dota el saberse legítimo por la más grande autoridad, el pueblo, nos preparamos para el primer evento como movimiento organizado y constituido: el inicio de la difusión de la información de manera creativa: un espacio organizado en la plaza de San Andrés Cholula, donde se proyectó, ante varias personas, el documental “Teletiranía”. Ver la respuesta de gente de diferentes edades y condiciones, en lo personal fue como un Deus ex Machina ante las dudas que tenía, y si bien mi opinión sobre el posicionamiento político jamás cambió y se mantiene como tal hasta hoy, sí puedo decir que esa respuesta fue lo que necesitaba para decidir mi permanencia dentro del movimiento de manera definitiva. “yo como s u j e t o #132”

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