Rúbricas 9

67 La oportunidad que se nos brinda Aceptar este desafío de la fenomenología de la era posmoderna, profundizar en el conocimiento de las motivaciones y formas de comportamiento de los y las adolescentes y jóvenes, y encontrar las herramientas adecuadas para entenderlos y acompañarlos con sabiduría y amor cristianos. DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES DESDE ALGUNAS POLÍTICAS EDUCATIVAS A NIVEL NACIONAL Reforma educativa y reforma del sistema educativo Como bien afirma Margarita Zorrilla (en La Disputa por la educación, E. Agüera y E. Zebadúa, 2011), habría que distinguir entre reforma educativa y reforma del sistema educativo. “La primera se refiere, en esencia, a la transformación del currículo y a la renovación de los enfoques pedagógicos y didácticos para conducir los procesos de aprendizaje y enseñanza que acontecen en el salón de clase y en la escuela. Por su parte, la reforma de los sistemas educativos tiene que ver con los cambios en la gestión institucional…” A decir verdad, la reforma propuesta por el gobierno federal actualmente, y que tantos interrogantes, conflictos e inconformidades ha causado entre miles de docentes, no traerá automáticamente la transformación pedagógica necesaria para mejorar la calidad académica. Y esto sucederá por motivos que están a la vista: los procesos burocrático/administrativos y los motivos de los actores políticos, que suelen ignorar, con mucha frecuencia, el propósito central de la educación nacional. La oportunidad que sugiere esta conflictividad no está en oponerse a la reforma educativa planteada por el gobierno, sino en trabajar asiduamente en la formación de los saberes que ayuden a los estudiantes a construir un pensamiento crítico, propositivo y socialmente productivo, que revierta los dinamismos de autoritarismo, individualismo y sometimiento que obstaculizan la construcción de un proyecto de nación con equidad y justicia para todos. La Doctrina Social de la Iglesia y las exhortaciones apostólicas del Papa Francisco nos pueden proporcionar material abundante para profundizar y hacer operativos estos objetivos. La verdadera reforma educativa no está en saber usar las computadoras, los pizarrones electrónicos o las bibliotecas digitalizadas, sino en la capacidad de los docentes y directivos de la institución escolar para formar a los alumnos en los saberes propios de una educación integral. Y no se trata precisamente de “enseñar los valores” en horarios extracurriculares, sino de preguntarse cómo puede fomentarse el pensamiento crítico y enseñar la justicia a través de las matemáticas o de la historia. Participación en la construcción del currículo escolar y en la formación social de los estudiantes Pablo Latapí Sarre, en El debate sobre los valores en la escuela mexicana, fce, 2003, escribe: Hasta ahora se conceb a la escuela pública como una instituci n estatal, se la entenda fundamentalmente como un espacio propio del Estado, en el que éste reglamentaba, dispona, exiga y sancionaba todo, para educar a los ciudadanos de conformidad con lo que el propio Estado decida. Los maestros eran antes que nada funcionarios pagados por él; ellos transmitan las instrucciones estatales hasta el aula. Las familias y otras instituciones de la sociedad (particularmente en la tradici n mexicana) eran convidadas de piedra sin derecho a participar en el funcionamiento de los planteles. El Estado y su cultura poltica se recreaban en la mente de los niños y j venes mediante “sus escuelas”. Esto ha empezado a cambiar y todo hace suponer que el cambio será irreversible… la escuela es un espacio de convergencia de toda la sociedad, donde esta labra su cohesi n a base de consensos y donde se promueve la tolerancia entre los diferentes… la escuela pública se va convirtiendo en un espacio de negociaci n de los valores sociales sobre los cuales el Estado ya no tiene la última palabra. Quisiera que estas palabras de mi gran amigo Pablo fueran una realidad en todos los rincones de la Patria, pero mucho me temo que lo son solamente en algunos, y en otros más sólo parcialmente. Sin embargo, considero que los educadores de las instituciones privadas, en particular las de signo cristiano católico, podrían levantar esta bandera de una sana autonomía educativa, ejerciendo su función profética, no precisamente con rezos y celebraciones litúrgicas, sino con la construcción de saberes a partir de un análisis bien fundamentado sobre la problemática social, política, económica, ambiental, etc. de nuestra Patria. Y así, de esta reflexión con alumnos y padres de familia, asumir tareas bien programadas de incidencia sobre la realidad, en interacción con otras instancias de la sociedad civil que hayan asumido los mismos propósitos. A decir verdad, la reforma propuesta por el gobierno federal actualmente, no traerá automáticamente la transformación pedagógica necesaria para mejorar la calidad académica.

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