Rúbricas Número Especial

11 de madres esperando por sus hijos o por sus esposos desde hace meses, lidiando con la cruel condena de saber que muy posiblemente no van a volver y que, en el peor de los casos, ni siquiera van a encontrar restos qué enterrar para darles descanso. Esto ha detonado una migración al interior del país y un constante desplazamiento de familias completas a otros estados con menores índices de violencia. Ya no es extraño encontrar por las calles de Puebla, automóviles con placas de Tamaulipas, Nuevo León, Michoacán y Durango, principalmente. De esta situación se deriva la inevitable paranoia social que provoca cierto rechazo hacia las personas que llegan a Puebla provenientes de estos estados. Salvo sus claras excepciones, aun en Puebla, “estado seguro”, los jóvenes y sus familias han optado por no mostrar un estilo de vida ostentoso que los ponga en la mira de la delincuencia organizada, con más razón aún, sabiendo que su tránsito ocasional de fin de semana o de los periodos vacacionales tendrán que transitar por estados como Morelos y Veracruz, que se han vuelto punteros en temas de violencia en esta zona del país. Existe también un pequeño porcentaje de nuestra población estudiantil2 que proviene de estados del norte tales como Nuevo León, Chihuahua, Durango y Tamaulipas, principalmente, que ha llegado aquí con la esperanza de poder cursar sus estudios profesionales de manera segura y tranquila en comparación con lo que han visto, sabido y experimentado en sus estados de origen. Algunos de estos alumnos se han acercado a miembros de la Comisión organizadora de la Campaña para compartir sus experiencias, sin embargo, el miedo aún permea sus acciones y evitan usualmente dar sus nombres o mayores datos sobre sus familias. La inseguridad se ha convertido en una pesadilla persecutoria en su vida de estudiantes que parece no ofrecerles ninguna garantía de cambio favorable. ¿Hasta cuándo estaremos expuestos a esta condición que nos impide desarrollarnos libremente como ciudadanos? ¿Hasta cuándo seguiremos tolerando que la corrupción penetre como la humedad todas las instituciones de gobierno y no haya justicia? Como mexicanos hemos tenido que aprender a sobrellevar y sobrevivir a la constante amenaza y a la incertidumbre que nos ofrece la casi nula gobernabilidad del país. El Estado mexicano colapsa frente a nuestros ojos como consecuencia última de un sistema corrupto, descompuesto, torcido, injusto y fusionado con el crimen. ¿Hasta cuándo será el día que como ciudadanos y académicos aceptemos la responsabilidad de exigir y mover el motor que garantice a éstos, y otros jóvenes, las condiciones necesarias para estudiar, desarrollarse, profesionalizarse y conformar un México nuevo y mejor? La respuesta a esta pregunta se encuentra dentro de nuestras universidades, dentro de la vida académica y del compromiso y valor de seguir promoviendo dentro de nuestras aulas, jóvenes críticos y propositivos ante la realidad que los rodea y los increpa. 1 Encuesta realizada entre febrero y abril de 2012 a cerca de 300 estudiantes durante diversos eventos en la Universidad Iberoamericana Puebla. Los resultados fueron obtenidos y graficados por los miembros de la Comisión organizadora de la Campaña Universitaria 2012: Por la Paz, la Justicia y la Seguridad Ciudadana. 2 Cerca de ochenta alumnos son provenientes de esos estados, según datos actualizados de la Dirección de Servicios Escolares, mayo 2012. La inseguridad se ha convertido en una pesadilla persecutoria en su vida de estudiantes que parece no ofrecerles ninguna garantía de cambio favorable. Fotografía: Ana Karen Aguilar

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